Don Quijote de la Mancha - Ficha de lectura
La novela presenta una situación narrativa compleja y lúdica. Un narrador principal cuenta la historia de Alonso Quijano, pero a partir del capítulo IX de la Primera Parte, Cervantes introduce el recurso del manuscrito encontrado: afirma que la verdadera historia fue escrita por un historiador arábigo llamado Cide Hamete Benengeli, cuyo texto ha sido traducido del árabe al castellano. Este juego de narradores —el autor ficticio moro, el traductor y el narrador que edita— crea una distancia irónica constante con los hechos narrados. La acción transcurre en la España de finales del siglo XVI y principios del XVII, principalmente en La Mancha, Sierra Morena, Aragón y Cataluña. El tono oscila entre la parodia burlesca de los libros de caballerías y una profunda compasión por el protagonista, generando una ambigüedad que ha fascinado a los lectores durante siglos.
Primera Parte — Primera salida (capítulos I–V)
Alonso Quijano, un hidalgo de un lugar de La Mancha cuyo nombre el narrador no quiere recordar, pierde el juicio por la lectura obsesiva de libros de caballerías. Decide hacerse caballero andante para deshacer entuertos y ganar fama eterna. Se fabrica una armadura con piezas viejas, bautiza a su rocín como Rocinante, elige como dama a una labradora del Toboso a la que llama Dulcinea, y se pone el nombre de don Quijote de la Mancha. En su primera salida, completamente solo, llega a una venta que confunde con un castillo y pide al ventero que lo arme caballero, ceremonia que se realiza de forma burlesca. Poco después, interviene para defender a un muchacho llamado Andrés, azotado por su amo, pero su intervención solo empeora la situación del joven. Unos mercaderes toledanos lo apalean tras negarse a reconocer la belleza de Dulcinea sin verla. Un vecino lo encuentra malherido y lo devuelve a su aldea.
Primera Parte — El escrutinio y la segunda salida (capítulos VI–X)
Mientras don Quijote convalece, el cura y el barbero del pueblo —amigos suyos— realizan un escrutinio de su biblioteca, quemando la mayoría de los libros de caballerías que le han trastornado el juicio. La sobrina y el ama tapian la puerta del aposento de los libros. Sin embargo, don Quijote se recupera y persuade a Sancho Panza, un labrador vecino suyo, hombre sencillo y de buen juicio natural, para que le sirva de escudero prometiéndole el gobierno de una ínsula. Ambos salen de noche, a escondidas, iniciando la segunda salida. La primera gran aventura es el célebre episodio de los molinos de viento, que don Quijote confunde con gigantes y arremete contra ellos, siendo derribado. Sancho intenta disuadirlo, pero el caballero atribuye la transformación al sabio encantador Frestón, su supuesto enemigo.
Primera Parte — Aventuras en los caminos (capítulos XI–XXII)
Se suceden numerosos episodios: don Quijote se enfrenta a un vizcaíno al que toma por raptor de unas damas; pasa la noche con unos cabreros a quienes dirige el discurso sobre la Edad de Oro; asiste al entierro del pastor Grisóstomo, muerto de amor por la pastora Marcela, quien defiende elocuentemente su libertad de no corresponder a ningún pretendiente. El caballero vive la aventura nocturna de los batanes, donde unos ruidos aterradores resultan ser simples mazos de batán, escena que provoca la risa de Sancho y la indignación de su amo. Don Quijote conquista el yelmo de Mambrino, que en realidad es la bacía de un barbero. Libera a un grupo de galeotes —presos condenados a galeras—, quienes, una vez sueltos, apedrean a su libertador.
Primera Parte — Sierra Morena y la venta (capítulos XXIII–XLVII)
Huyendo de la Santa Hermandad tras liberar a los galeotes, don Quijote se interna en Sierra Morena. Allí decide imitar la penitencia de Amadís de Gaula, haciendo locuras de amor por Dulcinea en la soledad de las montañas. Envía a Sancho con una carta para Dulcinea, pero Sancho se encuentra con el cura y el barbero, quienes trazan un plan para devolver al caballero a casa. En la sierra aparece Cardenio, un joven enloquecido por un desengaño amoroso relacionado con Luscinda y su amigo don Fernando. La historia de estos personajes se entrelaza con la trama principal. Mediante un engaño —una doncella disfrazada que finge ser una princesa necesitada de auxilio—, logran sacar a don Quijote de la sierra y llevarlo a una venta. En esta venta se reúnen múltiples personajes y se resuelven varias tramas sentimentales: Cardenio se reencuentra con Luscinda, y don Fernando acepta a Dorotea, a quien había deshonrado. Se intercalan relatos como la novela del Curioso impertinente y la historia del cautivo. Finalmente, el cura y el barbero consiguen que don Quijote vuelva a su aldea enjaulado en un carro de bueyes, haciéndole creer que está encantado.
Segunda Parte — La tercera salida y el encantamiento de Dulcinea (capítulos I–X)
Publicada en 1615, la Segunda Parte comienza con don Quijote recuperándose en casa. El bachiller Sansón Carrasco, vecino recién licenciado en Salamanca, les informa de que sus aventuras han sido publicadas en un libro —la Primera Parte de la propia novela—, recurso metaficcional audaz. Don Quijote y Sancho emprenden una tercera salida. Cuando el caballero pide a Sancho que lo guíe hasta El Toboso para ver a Dulcinea, el escudero —que nunca entregó la carta y no sabe dónde vive la dama— le presenta a tres labradoras montadas en borricos asegurando que una de ellas es Dulcinea encantada. Don Quijote, que solo ve campesinas, queda convencido de que algún encantador ha transformado la apariencia de su señora, y la obsesión por desencantarla marcará toda esta segunda parte.
Segunda Parte — Aventuras en el camino y las bodas de Camacho (capítulos XI–XXIII)
Entre las aventuras de este tramo destacan el encuentro con un carro de actores disfrazados —las Cortes de la Muerte—, la estancia con el Caballero del Verde Gabán (don Diego de Miranda, prototipo del hidalgo sensato y moderado), y el episodio de la cueva de Montesinos, donde don Quijote baja atado con una soga y dice haber visto un mundo subterráneo encantado con Dulcinea y otros personajes de las leyendas caballerescas. También asisten a las bodas del rico Camacho, interrumpidas por la ingeniosa estratagema del pobre Basilio, quien finge suicidarse para casarse in articulo mortis con Quiteria, la novia. Sancho asiste maravillado a los banquetes y lamenta que el amor triunfe sobre la abundancia.
Segunda Parte — En el palacio de los duques (capítulos XXX–LVII)
Don Quijote y Sancho son acogidos por unos duques que han leído la Primera Parte y deciden divertirse a costa de los protagonistas, organizando elaboradas burlas. Hacen creer a Sancho que le otorgan el gobierno de la ínsula Barataria, que en realidad es un pueblo de sus dominios. Sancho gobierna con sorprendente buen juicio y sentido común, resolviendo casos y pleitos con sabiduría natural, lo que demuestra que su simpleza es solo aparente. Sin embargo, una falsa invasión nocturna orquestada por los duques lo aterroriza, y Sancho renuncia al gobierno, declarando que no nació para gobernar. Mientras tanto, don Quijote sufre en el palacio diversas burlas, como la de la dueña Dolorida (un mayordomo disfrazado) y un vuelo fingido en un caballo de madera llamado Clavileño. Estas escenas en el palacio ducal constituyen una sátira de la nobleza ociosa que se divierte con la humillación ajena.
Segunda Parte — Barcelona y la derrota (capítulos LVIII–LXV)
Tras abandonar el palacio de los duques, amo y escudero se dirigen hacia Zaragoza, pero al enterarse de que el falso Quijote del libro apócrifo de Avellaneda —publicado en 1614— va a Zaragoza, don Quijote cambia de rumbo hacia Barcelona para desmentir esa obra. En Barcelona, don Antonio Moreno los acoge y don Quijote ve el mar por primera vez, visita una imprenta y vive diversas experiencias urbanas. El momento decisivo llega en la playa de Barcelona: el Caballero de la Blanca Luna —que es Sansón Carrasco disfrazado— lo desafía y lo vence. La condición de la derrota es que don Quijote debe retirarse a su aldea durante un año sin ejercer la caballería andante. El caballero, abatido y melancólico, acepta la derrota y emprende el camino de regreso.
Segunda Parte — El regreso y la muerte (capítulos LXVI–LXXIV)
El viaje de vuelta está marcado por la tristeza y el desengaño. Don Quijote concibe proyectos pastoriles para el año de retiro, imaginándose pastor con el nombre de Quijotiz, pero incluso estas ilusiones carecen del vigor anterior. Al llegar a su aldea cae enfermo. Tras un largo sueño, despierta cuerdo: reniega de los libros de caballerías, declara que ya no es don Quijote sino Alonso Quijano el Bueno, pide confesión y hace testamento. Sancho, el cura, el bachiller y su sobrina intentan animarlo, pero Alonso Quijano muere serenamente. El narrador cierra con unas palabras que subrayan que el propósito de la obra era acabar con la autoridad y el crédito de los disparatados libros de caballerías, e incluye un epitafio. La muerte del protagonista impide que ningún otro escritor lo resucite, blindando al personaje contra continuaciones apócrifas.
