La muerte de Alonso Quijano el Bueno: la recuperación de la cordura y el testamento del hidalgo (Segunda parte, capítulo LXXIV)
Siglo de Oro Prosa Section 30 / 35

La muerte de Alonso Quijano el Bueno: la recuperación de la cordura y el testamento del hidalgo (Segunda parte, capítulo LXXIV)

Ensayo argumentativo · Miguel de Cervantes
Carmen Ruiz
7 min de lectura · 11 Jun 2026

1. Resumen

En el capítulo LXXIV de la Segunda parte de Don Quijote de la Mancha, el protagonista, tras haber regresado vencido a su aldea manchega, cae enfermo con fiebres. Después de un largo sueño, despierta declarando haber recobrado el juicio y renegando de los libros de caballerías que lo enloquecieron. Pide confesión, dicta testamento ante un escribano y se despide de quienes lo rodean: el cura, el bachiller Sansón Carrasco, el barbero maese Nicolás, su sobrina, su ama y, sobre todo, su escudero Sancho Panza. Alonso Quijano —que así quiere ser llamado de nuevo, con el sobrenombre de «el Bueno»— muere cristianamente en su lecho, rodeado de la compasión y las lágrimas de los presentes.

2. Tema

El desengaño final y la muerte del hidalgo Alonso Quijano, que recupera la lucidez para renegar de su locura caballeresca y afrontar con dignidad el tránsito definitivo.

3. Estructura

Estructura externa: Se trata de un fragmento narrativo en prosa, con abundantes pasajes dialogados entre don Quijote y los personajes que lo acompañan en su lecho de muerte. El narrador omnisciente alterna la exposición de los hechos con la reproducción directa de las palabras de los personajes.

Estructura interna:

  • Primera parte — La recuperación de la cordura: Don Quijote despierta del sueño y proclama que ya no es don Quijote de la Mancha sino Alonso Quijano el Bueno. Reniega explícitamente de Amadís de Gaula y de toda la caterva de caballeros andantes, reconociendo su locura pasada.
  • Segunda parte — El testamento: Pide un confesor y un escribano. Dicta sus últimas voluntades, en las que incluye disposiciones sobre su hacienda, su sobrina y su escudero Sancho Panza, a quien pide perdón por haberlo llevado a compartir sus desvaríos.
  • Tercera parte — La muerte: Tras recibir los sacramentos y despedirse, Alonso Quijano muere rodeado de llanto. El narrador cierra el episodio con la referencia al epitafio compuesto por Sansón Carrasco.

4. Análisis del contenido

Personajes:

Alonso Quijano aparece aquí como la antítesis perfecta del personaje que ha protagonizado toda la novela. Si don Quijote se definía por la voluntad de transformar la realidad según los moldes de la ficción caballeresca, Alonso Quijano moribundo se define por la aceptación lúcida de la realidad y la preparación para una muerte cristiana ejemplar. Su grandeza reside en que la cordura no le resta dignidad: muere con la misma entereza con la que vivió sus aventuras.

Sancho Panza experimenta una paradoja emocional conmovedora: habiendo pasado toda la novela intentando devolver a su amo a la razón, ahora que este la recupera, le suplica que siga siendo caballero andante. El escudero se ha contagiado del idealismo de su señor, y su dolor ante la muerte revela la profundidad del vínculo entre ambos personajes.

Los demás personajes —el cura, el bachiller Sansón Carrasco, la sobrina, el ama, maese Nicolás— funcionan como testigos del desengaño y subrayan con sus lágrimas la gravedad del momento.

Espacio y tiempo:

La acción se desarrolla en el dormitorio de la casa del hidalgo, en su aldea manchega. El espacio cerrado e íntimo contrasta radicalmente con los campos abiertos, ventas y caminos que han constituido el escenario de las aventuras quijotescas. El tiempo se condensa: tres días de agonía entre el sueño que le devuelve la cordura y la muerte misma. Este encierro final clausura simbólicamente la novela: el héroe que salió tres veces al mundo regresa definitivamente al espacio doméstico para no volver a salir.

Recursos estilísticos:

  • Antítesis: El contraste entre don Quijote y Alonso Quijano vertebra todo el fragmento. Cervantes opone locura y cordura, ficción y realidad, aventura y hogar, vida y muerte. Este juego de contrarios da al capítulo su tensión dramática.
  • Paradoja: El personaje alcanza su mayor lucidez justo cuando se acerca a la muerte. Asimismo, Sancho —representante tradicional del sentido común— es quien pide a su amo que siga loco. La inversión de papeles produce un efecto patético de gran fuerza.
  • Enumeración: La renuncia de don Quijote a los libros de caballerías se formula mediante una enumeración de los autores y personajes ficticios que antes admiraba, lo que enfatiza la totalidad del rechazo.
  • Paralelismo sintáctico: Las declaraciones del moribundo se construyen con estructuras paralelas que otorgan solemnidad al discurso, como corresponde a un acto testamentario y a una confesión de fe.
  • Ironía: La obra que ha nacido como parodia de los libros de caballerías termina con su protagonista renegando expresamente de ellos, cerrando un círculo irónico: la ficción se destruye a sí misma dentro de la ficción.
  • Hipérbole afectiva: Las reacciones de los presentes —llantos, súplicas, desmayos de la sobrina— se presentan con intensificación emocional que subraya la gravedad de la pérdida.
  • Cambio de nombre (antonomasia invertida): El protagonista exige ser llamado Alonso Quijano el Bueno y rechaza el nombre de don Quijote de la Mancha. El acto de renombrarse —que al inicio de la novela había sido fundacional de la locura— es ahora fundacional de la cordura.
  • Eufemismo: La muerte se describe con perífrasis que atenúan su crudeza, en la tradición del buen morir cristiano.
  • Tono elegíaco: El ritmo de la prosa se vuelve más pausado y solemne que en el resto de la novela, aproximándose al registro del planto medieval o la oración fúnebre.
  • Políptoton: La repetición de formas verbales derivadas de un mismo lexema —variaciones sobre vivir y morir, loco y cuerdo— insiste en las dualidades que definen al personaje.

Tono y lenguaje:

El registro del fragmento combina la gravedad del discurso testamentario y religioso con la sencillez afectiva de las despedidas. Cervantes abandona aquí el registro paródico y humorístico que predomina en gran parte de la novela para adoptar un tono de emoción contenida. El lenguaje de Alonso Quijano es claro, directo, despojado de las ampulosidades caballerescas que caracterizaban a don Quijote: la forma del discurso confirma la recuperación del juicio.

5. Conclusión y opinión personal

Este capítulo constituye el cierre necesario del proyecto narrativo cervantino. Cervantes mata a su personaje —según declara el propio narrador— para impedir que otros autores lo resuciten, como había hecho Avellaneda con su Quijote apócrifo de 1614. Pero más allá de esa motivación práctica, la muerte de Alonso Quijano el Bueno cumple una función artística insustituible: devuelve al personaje su humanidad plena. Don Quijote deja de ser un loco risible para convertirse en un hombre que muere con dignidad, y ese gesto transforma retrospectivamente toda la novela.

El fragmento dialoga con la tradición medieval del ars moriendi y con la preparación cristiana para la muerte, pero la trasciende al incorporar una dimensión moderna: la conciencia de que la ficción y la realidad son órdenes distintos, y de que la identidad humana se construye —y se deshace— con palabras. La muerte de don Quijote es también la muerte de un relato sobre uno mismo.

Personalmente, considero que este final es uno de los momentos más conmovedores de la literatura universal precisamente por su sobriedad. Cervantes no necesita grandilocuencia: basta un hombre cuerdo que reconoce haber estado loco, pide perdón y muere. La emoción surge del contraste con las casi mil páginas de aventuras que lo preceden, y de la certeza de que con Alonso Quijano muere también algo que el lector no quería perder: la capacidad de imaginar el mundo como un lugar mejor del que es.

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